El duelo migratorio

Cuando dejamos atrás nuestra tierra comenzamos una nueva etapa. Para algunos puede ser excitante, para otros puede ser una experiencia no grata. El duelo migratorio hace que salgamos de nuestra zona de confort para adentrarnos a tierras que pueden ser movedizas.

A pesar de que la migración puede abrirnos un abanico de posibilidades, también implica retos y desafíos ya que, dejamos atrás: familia, amigos, cultura… que puede afectarnos de manera emocional, de comportamiento y mental. El duelo significa pérdida y vivir en otra lugar muy diferente también implica un choque cultural.

Hoy te comparto sobre los duelos de la emigración,

El duelo migratorio es parcial, múltiple y recurrente. Parcial porque lo que perdemos aún se encuentra (está nuestra familia, las costumbres, todo ello sigue ahí).

Es múltiple porque podemos perder varias cosas a la vez: idioma, cultura, amigos… Y recurrente, ya que estas pérdidas se presentan constantemente. Por ejemplo, cuando tenemos comunicación se reinicia el duelo, o cuando vamos y regresamos o ante acontecimientos significativos (cumpleaños, fiestas de nuestra ciudad, Día de la Madres…) Según Joseba Achotegui, psiquiatra y profesor de la Universidad de Barcelona, los tipos de duelo que vive un emigrante se pueden clasificar en siete:

  1. El duelo por la familia y los amigos
  2. El duelo por la lengua
  3. Duelo por la cultura
  4. El duelo por la tierra
  5. El duelo por el estatus
  6. Duelo por el contacto con el grupo étnico
  7. El duelo por los riesgos físicos

1. Duelo por la familia y los amigos

El primer duelo es el que la mayoría de las personas sufren como consecuencia de haber decidido emigrar a otro país. A pesar de que las nuevas tecnologías nos hacen más fácil y económico el contacto con nuestros seres queridos, no poder compartir con ellos nuestro día a día es algo difícil para muchos. Esta situación se vuelve especialmente complicada si tenemos en nuestra tierra a familiares “vulnerables”: un hijo pequeño, padres mayores, alguien próximo o un amigo enfermo o una persona muy cercana como pueda ser nuestra pareja.

Podemos experimentar sentimientos de culpa, ansiedad, angustia, soledad. Contar con una red social de apoyo es algo muy importante.

2. Duelo por la lengua

Muchas veces no somos capaces de comunicarnos con fluidez en el idioma de acogida, por tanto sufrimos un duelo por la pérdida de nuestra lengua ante la imposibilidad de expresarnos con facilidad. Aprender la lengua del país de acogida, aunque habitualmente es muy necesario para la adaptación, es un proceso complicado y que supone un gran esfuerzo para cualquier emigrante.

3. Duelo por la cultura

La forma de hablar, de expresarse, la manera de comportarse, las leyes y un sinfín de códigos culturales son diferentes cuando dejamos nuestro país.

Los expatriados dejamos atrás un estilo de vida y tenemos que adaptarnos a uno nuevo; este escenario no es sencillo, ya que muchos hábitos son diferentes.

Hay que aprender a convivir con personas que tienen unos códigos distintos a los nuestros y esto, aunque enriquecedor, puede hacernos sentir diferentes y fuera de lugar. Es entonces cuando se puede sentir un duelo por nuestra cultura.

4. Duelo por la tierra

El expatriado apegado a su tierra puede vivir más intensamente esos cambios propios de cada país de acogida. Por ejemplo: el cambio en las horas de luz, las noches largas en invierno, los fríos…pueden afectarnos física y mentalmente, y donde hay una tendencia a idealizar nuestro lugar de origen.

5. Duelo por el nivel social

La emigración comporta un proyecto de mejora personal y social, pero la realidad en ocasiones es diferente. Es habitual ver cómo muchos expatriados con estudios medios o superiores retroceden en ese nivel social.

Este tipo de duelo lo sienten los emigrantes que gozan de cierto nivel académico y de reconocimiento social en sus países de origen, pero que no consiguen desempeñar un rol similar en el país de destino.

6. Duelo por el contacto con el grupo étnico

El grupo étnico nos da un sentido de pertenencia. Cuando ya no estamos en nuestro grupo de pertenencia, podemos sentirnos que no encajamos. Generar vínculos con gente local nos ayudará también a adaptarnos, pero es cierto que para muchos el contacto con otros connacionales es una cuestión vital para sentirnos bien.

7. Duelo por los riesgos físicos

Ocasionalmente puede ocurrir que el expatriado sea víctima de discriminación racial o xenofobia por parte de algunos habitantes del país de acogida.

Además, a veces debido al estrés y a la ansiedad suceden cambios físicos en los emigrantes, hasta tal punto de que les cueste reconocerse. Por ejemplo, se puede perder o aumentar de peso drásticamente en pocos meses.

Estas circunstancias hacen que el expatriado se sienta especialmente vulnerable y añore aún más la sensación de seguridad y confort que tenía en su país.

Estos duelos pueden ir acompañados de sintomatología diversa entre la que podemos encontrar: ansiedad, tristeza, insomnio, culpa e irritabilidad, entre otros. Síntomas todos ellos adaptativos y normales, ya que recordemos que toda pérdida lleva un tiempo hasta que se pueda superar.

Por lo tanto, si emigramos y pasado un tiempo prudencial seguimos encontrándonos mal, es cuando debemos procurar ver en qué aspectos de los anteriormente expuestos estamos atascados.

Si sientes que estas emociones, comportamientos y/o pensamientos catastróficos te ocupan demasiado tiempo y no puedes salir de ellos, busca a un profesional de la salud: médico, psicólogo o psicoterapeuta para que te apoye. ¿Necesitas apoyo en este momento? Cuenta con nosotros, a través de nuestro contacto.

María Teresa González Osorio, es psicóloga con experiencia intercultural. Es migrante

Leave a Reply