Aislamiento no significa sentirnos solos

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Vivir en aislamiento en estos tiempos (COVID-19) no debe implicar sentirnos solos. Sin embargo para muchos que sí viven solos en casa no es fácil. Es importante contar con estrategias sanas y adecuadas para llevar este tiempo de la mejor manera posible, atendiendo a nuestro autocuidado a nivel físico, emocional y mental.

Puede ser que para algunos, esta situación de aislamiento se convierta en ansiedad, estrés, angustia. No ver ni tener contacto con nadie afecta de manera seria a nuestro cerebro y nuestros pensamientos pueden desencadenar emociones que nos debiliten.

Cuando una persona pasa horas, días y semanas en soledad puede sufrir un efecto llamado disociación, la cual es un fallo a nivel cerebral muy habitual cuando se sufre ansiedad. Consiste básicamente en empezar a tener la sensación de que lo que está ocurriendo no es real. Nos desconectamos de nuestras sensaciones corporales, nos miramos al espejo y experimentamos desconexión o apatía. La realidad se vuelve más lenta y todo parece dejar de tener significado o sentido. Este fenómeno puede ser leve, moderado o severo.

¿Qué podemos hacer en estas situaciones?

Necesitamos darle anclas a la mente para que no se escape y se concentre en el aquí y ahora, por eso es importante:

  • Mantener o establecer rutinas. Debemos mantener un horario donde se distribuyan tiempos para el trabajo o algún tipo de tarea o responsabilidad, momentos para el ocio, para el descanso y también para el ejercicio físico.
  • Realizar alguna actividad que nos cause placer. Para afrontar la soledad (por la cuarentena o por alguna otra causa) es ideal disponer de alguna tarea que nos ocupe cierto tiempo cada día y que nos cause gusto o placer.
  • Conectarnos con otros de manera virtual: llamadas, videoconferencias, mensajes de voz y todo lo que ayude a conectarnos con el otro y hablar de cosas positivas, recuerdos felcies, anécdotas, reírnos. Nercesitamos segregar serotonina y la risa nos ayuda en ello.
  • Redirigir o recordar nuestros propósitos: quizás este sea el punto medular de toda crisis, y digo quizás porque tampoco lo sé pero en mi experiencia personal y profesional me he dado cuenta de que las (mis) crisis tienen que ver con una pérdida de sentido de vida. Ésto en sí mismo no es “malo”, sino es un alto en el camino para replantearme en ciertas etapas de mi vida: ¿Qué quiero en mi vida? ¿Cuál es el propósito de mi existencia? ¿Cuál es mi misión de vida? Se vale no saber, se vale replantearnos nuestra vida, se vale redifinir nuestras prioridades. En cuanto tengamos nuevamente el faro, podremos lidiar con mayor tolerancia y comprensión estos tiempos de soledad y confinamiento, incluso, les agradeceremos su presencia pues nos ayudaron a construir nuestra barca de Visión de Vida. Autora: María Teresa González Osorio (psicóloga, orientadora gestalt y coach sistémica)

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