Elogiando a los infantes ¿acierto o error?

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La autoestima -ese grado de aprecio, comprensión, opinión positiva, reconocimiento de cualidades positivas y negativas que tenemos de nosotros mismos- no es algo con la que nacemos, sino que se va formando y reforzando desde temprana edad. La autoestima proviene en gran medida de las creencias que tenemos de nosotros(as) mismos(as) que, a su vez provienen de los mensajes que recibimos de personas significativas. Por ello, elogiar a los infantes puede ser un factor importante para fomentar su autoestima, sin embargo hay que tener cuidado en cómo lo hacemos, de lo contrario puede resultar perjudicial.

¿Cómo podemos elogiar de manera sana y constructiva a los niños y niñas?

  • Elogia la conducta no tanto a la persona: No es lo mejor decir: ¡Felicidades, lo hiciste muy bien! El infante necesita saber qué es exactamente lo que hizo bien. Es preferible evitar frases como “Eres…inteligente”, “limpio”, “paciente”, etc. Es mejor decir: “tu conducta fue de limpieza, “actuaste de manera paciente”, “tu comportamiento fue honesto”
  • Describe la conducta elogiada: Va de la mano con lo anterior. Es más claro para el infante si dices algo más o menos así: “Quiero felicitarte porque veo que tendiste tu cama y acomodaste tu ropa, luego recogiste tus juguetes y los colocaste en la cajonera, eso lo valoro mucho”. En el elogio, el infante necesita saber qué es lo que elogias, qué valoras tú de su conducta.
  • Menciona la cualidad: los infantes necesitan saber qué es aquello por lo que se le elogia; después de describir la conducta puedes decir: “hijo(a) lo que tú has hecho se llama órden”, “pulcritud”, o “tolerancia”, “empatía”, “valentía”, “prudencia”, o lo que corresponda a la acción realizada. Así irá formándose un autoconcepto positivo de sí mismo(a).
  • Elogia el esfuerzo y el proceso no tanto el resultado: Toma consciencia de que el infante está aprendiendo a desarrollar cualidades, y éstas se logran cuando se repiten una y otra vez.
  • Elogia actitudes concretas. Un error es ser abstractos en los elogios, cuando decimos: “eres el mejor portero del mundo” o “eres la mejor cantante del mundo” , sentirá que exageras y no dará credibilidad a tus elogios y peor aún, no creerá en sus propias habilidades. En cambio si dices: “¡Ese balón que paraste estuvo formidable, ví cómo te lanzaste sobre él! O “¡Me gustó mucho cómo bailaste de manera tan armoniosa”! tendrá sentido para el infante y reconocerá mejor sus cualidades.
  • Elogia incondicionalmente: hay frases que pronunciamos sin darnos cuenta de que estamos ejerciendo presión o que condicionamos algo con los elogios, por ejemplo: “qué parada hiciste al balón, cuidado con que te metan gol!, o “qué lindo bailaste, que no se te ocurra equivocarte en algún paso! o “si sigues trayendo esas buenas calificaciones, iremos de vacaciones”. Estos mensajes transmiten condicionamiento y el infante se sentirá aprobado, valorado, aceptado o amado sólo si cumple tus expectativas, generando al mismo tiempo miedo.

Como te darás cuenta, todos los puntos están relacionados. Lo más importante es saber que ningún elogio hace daño cuando eres honesto y auténtico con el niño o niña. Si no aprendiste a recibir elogios, ahora como adulto puedes aprender a darlos y a recibirlos de tí mismo(a).

Por María Teresa González Osorio (Psicóloga & Coach sistémica)

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