Sanar escribiendo

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Por María Teresa González Osorio

El tema me emociona mucho porque en carne y en espíritu he experimentado cuán liberador, cuán autorreflexivo y cuán sanador puede ser el momento íntimo de escribir. Escribir tan sólo para uno mismo, no necesariamente para otros. No tenemos que ser versados en el arte de saber escribir para plasmar nuestros sentimientos, lo que nos aqueja, lo que nos agobia.
Escribir y confrontarnos con aquello que nos afecta es también una terapia.
Por ello, me alegra haber encontrado un libro titulado: Manual de Escritura curativa de Manu Rodríguez. En él se pueden leer y escuchar estas líneas:

“Escribir puede ser una avenida hacia un lugar interior donde podemos confrontar traumas y ponerlos a descansar, y sanar cuerpo y mente”, mencionó el psicólogo James W. Pannebaker.

Hay estudios que revelan el poder sanador al momento de plasmar por escrito lo que nos afecta emocionalmente, uno de sus beneficios es que las ondas cerebrales de nuestros dos hemisferios trabajan más congruentemente, de tal forma que repercute en nuestros sistema cardiovascular e inmunológico. Pero también a nivel emocional se observan resultados positivos: más relajación, serenidad, mayor adaptación a las situaciones de cambio, mejores relaciones con los demás.
Estar frente a una pequeña libreta es estar frente a nosotros mismos, nos abrimos con más libertad, con honestidad, sin miedo a ser juzgados. Algunas pautas que podemos hacer para sentirnos mejor son y que sugiere Rodríguez son:
Identifica los momentos traumáticos, dolorosos o estresantes de tu vida.


Si el escribirlas te resulta muy dolorosos, entonces déjalo por ese día y cambia de actividad.
Puedes retomarlo al día siguiente; de manera progresiva ve escribiendo todo aquello que desees que salga. Permítete sentir la emoción si existiera. No te preocupes por la ortografía o gramática.
Cuando sientas que ya has vaciado todo, puedes entonces releer tu escrito, y reflexionar sobre él, ordenar las ideas, quizás darle otro significado.
Quizás te ayuden responder estas preguntas: Qué pasó? En qué momento, dónde y cómo? Quiénes estuvieron involucrados y de qué forma? Qué pensamientos y sentimientos me acompañaron en aquél momento? Qué pienso ahora y cómo me he sentido desde entonces hasta hoy?
Enfócate ahora en los aspectos positivos. Recuerda que se trata de sanar no de flagelarte emocionalmente con lo sucedido. Quién me apoyó? Qué me ayudó a seguir adelante? Qué valores personales me motivan para seguir con mi proyecto personal? Qué aprendizaje o lección de vida me deja lo que ocurrió? Qué cualidades se han desarrollado en mí a raíz de lo sucedido?

Escribir nuestros dolores o nuestros miedos más profundos ayuda a liberar esos fantasmas que tenemos dentro. Por muy doloroso que haya sido, tú tienes el poder de cambio y el cambio radica en ver con otra mirada -más comprensiva, más amable, más amorosa- nuestra propia vida.

Para saber más del tema: Rodríguez Manu, Manual de Escritura Curativa. “Escribir para sanar”, Editorial Almuzara, Córdoba, 2011

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