Medicamentos para la alegría

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Por María Teresa González Osorio

Cortesía de Luisa VI En estos tiempos tan vertiginosos, en donde las sociedades de alguna manera “exigen” estar bien, para poder producir, rendir, trabajar, es mal visto sentirse agobiado, abatido, deprimido. Tampoco lo toleran las grandes compañías farmacéuticas que reportan miles de dolares de ganancias por el consumo de medicamentos antidepresivos, que, con la finalidad ilusoria de “sentirnos bien y felices”,  médicos y psiquiátras prescriben indiscriminadamente. Es alarmante por ejemplo que en nuestro país vecino, Estados Unidos de Ámérica, se haya suministrado a un millón de niños, fármacos contra la depresión.

Hay casos en los que resulta hasta cierto punto útil un antidepresivo, como es el caso de depresión profunda  y si sus causas son endógenas, es decir, tienen su raíz en la alteración de los neurotransmisores químicos del sistema nervioso y de las concentraciones de ciertas substancias (serotonina y noropinefrina) . Pero también la depresión puede ser exógena, es decir, “es una respuesta anormal en intensidad y en duración a conflictos, disgustos o tragedias; es una reacción normal en su orígen que se sale de su cauce y desarrollos normales” (Vallejo-Nágera, (Comp). 2006, p 613).

La depresión se puede prevenir y “curar” aunque no es en sí una enfermedad sino un transtorno. En mi opinión personal, no es la farmacología la que ofrezca las soluciones y el paraíso, sino ante todo la terapia psicológica en donde el paciente va conociéndose a sí mismo, encontrando maneras más sanas de relacionarse con el mundo que le rodea, reconociendo sus propias necesidades (y no únicamente las que le impone su sociedad) aprendiendo a satisfacerlas de manera más proactivas. Así, el “diálogo” con su terapeuta será mucho más beneficioso que el suministro de pastillas para la felicidad. Como dice el slogan: “Más Séneca y menos Prozac”.

Referencia:

Vallejo-Nágera J.A. Guía práctica de Psicología. Cómo afrontrar los problemas de nuestro tiempo. Edit.: Booket, España, 2006.

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