Articulos de Artículos para Reflexionar’

El tiempo, nuestro aliado

Hay momentos en la vida en que nos embarga el dolor o la pena: separaciones, enfermedades, muerte; estos procesos de duelo hay que vivirse. Mirando desde otra perspectiva en el tiempo, podemos darle un sentido a dichas vivencias y, ello me recuerda al siguiente cuento:

El único superviviente de un naufragio llegó a la playa de una diminuta y deshabitada isla. De rodillas, sobre la arena miró al cielo y rezó fervientemente a Dios pidiéndole ser rescatado. Cada día pasaba horas arrodillado rezando y escudriñando el horizonte en busca de ayuda. Pero esta no parecía llegar.

Pasó el tiempo y cansado de esperar asumió que tendría que organizar allí su propia vida. Optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de las inclemencias del tiempo y poder almacenar sus escasas pertenencias que se fabricaba a base de hojas, palos y piedras.

Una tarde salió a buscar alimento por la isla. Al regresar, encontró su cabaña envuelta en llamas con el humo ascendiendo hasta el cielo. Había perdido lo poco que tenía. Con tristeza y lleno de rabia gritó una y mil veces: “Dios!: cómo puedes hacerme esto a mí!!”. Hasta que se quedó dormido sobre la playa. A la mañana siguiente el sonido de un barco que se acercaba a la isla le despertó. Por fin venían a rescatarle. “¿Como supieron que estaba aquí?” preguntó el cansado hombre a sus salvadores. “Vimos su señal de humo”, contestaron ellos.

Oración Gestalt

cortesía de la galería de "Sergio el chino"“Yo soy Yo
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú.
Yo soy Yo.


Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a mismo
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a ti

cuando intento que seas como yo quiero
en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.”

Fritz Perls

¿Cuánto vales?

cortesía de la Galería de Mad-KingHace siglos, un joven acudió a un anciano maestro porque se sentía sin fuerzas para hacer nada: “me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto ¿cómo puedo mejorar? ¿qué puedo hacer para que me valoren más?”

El maestro, sin mirarlo, le dijo: “Antes de ayudarte necesito resolver un problema. Quizá si me ayudas tú pueda solucionar este tema con más rapidez y después podré ayudarte”. El joven aceptó encantado.

El maestro se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, le pidió que cabalgara con su caballo hasta el mercado y tratara de vender esa joya obteniendo por ella la máxima suma posible, sin aceptar menos de una moneda de oro, porque a eso ascendía una deuda que el maestro tenía y quería saldar.

Apenas llegó a la ciudad empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros se daban la vuelta, otros se echaban las manos a la cabeza. Sólo un viejito fue tan amable como para explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

Después de ofrecer su joya a casi un centenar de personas con las que se cruzó en el mercado, abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. “Maestro lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo”.

“Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo”.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: “Dile al maestro, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo”.

“¡¡58 monedas de oro!!” gritó el joven. “Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…” le contestó el joyero.

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?. ¿Ya has elegido quien va a ser el joyero que diga lo que vales y te exija por ello?.

Encontrando la paz interna

“Todas la disciplinas espirituales son hechas con el propósito de calmar la mente. La mente perfectamente callada es espíritu universal.”
Swami Ramdas

meditarCultivar el hábito de la meditación, oración y/o descanso diario nos ayuda a salirnos de nuestra preocupación con el mundo material. En silencio y soledad, encontramos la oportunidad de poner atención a lo que ocurre adentro en lugar de afuera.

Cuando hacemos esto consistentemente, aprendemos a relajarnos y a calmar y desapegarnos de nuestra charla mental y emociones turbulentas. Conforme nos hacemos testigos de nuestra personalidad, empezamos a experimentar nuestra alma.

“Dominar la meditación puede requerir toda una vida, pero habrá sido una vida bien aprovechada. Si deseas juzgar tu progreso, pregúntate lo siguiente: ¿Soy más amoroso? ¿Son mis decisionas más sabias? ¿Tengo más energía? ¿Puede mi mente mantenerse en calma ante las provocaciones? ¿Estoy libre de las reacciones del enojo, el miedo y la codicia? El despertar espiritual se da a conocer tan elocuentemente en el desarrollo del carácter y las acciones generosas como en los estados místicos.”
Eknath Easwaran

Dar y recibir

 

Autor desconocido

Un día un muchacho muy pobre, quien era vendedor de puerta a puerta para pagar sus estudios, se encontró con solo diez centavos en su bolsillo y tenía mucha hambre. Entonces decidió que en la próxima casa iba a pedir comida. No obstante, perdió su coraje cuando una linda y joven muchacha
abrió la puerta.

En lugar de pedir comida pidió un vaso con agua. Ella pensó que el se veía hambriento y le trajo un gran vaso con leche. El se lo tomó lentamente y luego le preguntó, “Cuánto le debo?”
“No me debe nada,” ella respondió. “Mi mamá nos enseñó a nunca aceptar pago por bondad.” El dijo…”Entonces le agradezco de corazón.” Cuando Howard Kelly se fue de esa casa, no solo se sintió más fuerte en sus fuerzas sino también en su fe en Dios y en la humanidad. El ya estaba listo para rendirse y renunciar.

Años más tarde esa joven muchacha se enfermó gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad donde llamaron a especialistas para que estudiaran su rara enfermedad. Uno de esos especialistas era el Dr. Howard Kelly.

Cuando él se dio cuenta del nombre del pueblo de donde ella venía, una extraña luz brilló en sus ojos.
Inmediatamente él se levanto y fue al cuarto donde ella estaba. Vestido en sus ropas de doctor fue a verla y la reconoció inmediatamente. Luego volvió a su oficina determinado a hacer lo posible para salvar su vida.

Desde ese día le dio atención especial al caso. Después de una larga lucha, la batalla fue ganada. El Dr. Kelly pidió a la oficina de cobros que le pasaran la cuenta final para darle su aprobación. La miró y luego escribió algo en la esquina y la cuenta fue enviada al cuarto de la muchacha. Ella sintió temor de abrirla porque estaba segura de que pasaría el resto de su vida tratando de pagar esa cuenta. Finalmente ella miró, y algo llamó su atención en la esquina de la factura. Ella leyó las siguientes palabras….”Pagado por completo con un vaso de leche.”

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