Articulos del abril, 2010

Los recuerdos de la infancia

Por : María Teresa González Osorio.

infanciaLo recuerdo como un sueño cercano y transparente, mi infancia llena de juegos. Nuestro punto de encuentro y parque de diversión era la calle sin pavimento o a veces algún terreno baldío; ahí, mis vecinos, mis hermanos y yo, solíamos por las tardes jugar al Torito, a los encantados, al bote votado, ese en el que se gritaba: “uno dos tres por todos mis amigos”, a las escondidas, al avión o rayuela, al Burro fletado. Cuando quedábamos cansados de tanto correr, entonces pasábamos a las matatenas (quién llegaba a hacer casita o corona con ellas?), al resorte, a la lotería. Había un tiempo del año dedicado al trompo, al yo yo, a las canicas en sus variaciones (chiras pelas, la choya, el círculo), al papalote con su tradicional forma romboide.

Cuando llegábamos a casa, mamá nos esperaba a mis hermanos y a mí con un chocolate caliente para tomar y con agua tibia para bañarnos a jicarazos. No había dinero para comprar libros de cuentos así que no escuché cuentos de castillos ni de princesas, en cambio las historias sobre duendes, la Llorona, el Ropavejero o los Gitanos, que mi madre contaba, nos llenaban de asombro, transportándonos a un mundo de fantasía, sueños e imaginación. Creo que mi madre no sabe el tanto bien que nos hizo su libertad amorosa y al mismo tiempo el estar tan cerca y pendiente de nosotros.

Me pregunto a qué juegan los niños y niñas en estos tiempos?

Sabrán de la emoción que es correr, tomar el bote, gritar y salvarse a sí mismo y a todos sus amigos? Sabrán de la impaciente espera de ser encontrado de entre los matorrales? Les contarán sus padres historias o cuentos? O simplemente los niños de hoy narran los episodios de sus telenovelas favoritas?

Hoy vuelvo a recordar mi infancia mientras estoy sentada en el zócalo; pocos niños en los pocos parques de mi ciudad. Miro algunos que juegan con sus celulares.

Cierro los ojos y el atardecer levanta la nostalgia de la polvorosa calle en que jugué y de los juegos que me enseñaron a vivir mi infancia.

Mirarlos a ell@s es mirarme a mí

Por María Teresa González Osorio

niño padreAyer fui invitada a la Casa de la Mujer “Rosario Castellanos” , para ofrecer la charla  titulada: “Mirarlos a ell@s es mirarme a mí”; nos referimos a nuestras hijas/hijos. Cuántas veces  reprobamos a nuestros hijos porque no son como queremos que sean? Es importante señalar que hay conductas en las que podemos no estar de acuerdo con nuestros hijos, sin embargo, rechazar a la persona en vez de su conducta hace que condicionemos nuestro cariño y amor. Nuestros hij@s necesitan saber que les queremos. Sé que a veces no resulta fácil separar a la persona de su  conducta por ello requiere de practicar la comunicación sana. Decir qué es lo que no me gusta sin culparlo de mis sentimientos es un paso para mirarme a mí misma(o). Por ejemplo en lugar de decir: “Tú me haces enojar cuando…..” será más asertivo decir: “yo me siento enojada cuando…”. Hablar en primera persona de lo que nos pasa en relación con nuestros hijos es asumir nuestra propia responsabilidad por nuestra vida, en vez de hablar desde la culpa.

Nuestros hijos son los mejores maestros en la vida, nos ofrecen la posibilidad de desarrollar nuestros talentos y cualidades y también de sanar aquellas heridas que posiblemente sufrimos en nuestra infancia. Es también la oportunidad de ofrecer el amor incondicional.

Por ello, cada vez que les miremos con enojo, con frustración, con impaciencia, vale la pena mirarnos a nosotros mismos y hacernos la pregunta: ¿Qué hay en tí hijo/ hija que tengo yo y no quiero mirar?

Si somos honestos con nosotros mismos seguramente nos asombraremos de la respuesta.

"Miralos a ell@s es mirarme a mí". Charla

"Miralos a ell@s es mirarme a mí". Charla

Aprovecho para dar mis reconocimientos al trabajo de está realizando la Casa de la Mujer “Rosario Castellanos” en favor de la educación de las jóvenes indígenas para que continúen con su formación universitaria y a  la psicóloga Cecilia Sandoval Salazar, por su trabajo con ellas.

charla en la Casa de la Mujer "Rosario Castellanos"

charla en la Casa de la Mujer "Rosario Castellanos".

El arte de crecer con las experiencias

Por María Teresa González Osorio

 crecimientoEn más de una ocasión nos hemos enfrentado a situaciones difíciles o dolorosas. A veces nos resistimos a las lecciones que la Vida nos ofrece por temor a que las cosas empeoren, por temor a la pérdida, o por miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad. La historia de Sofía puede ser un claro ejemplo de las enseñanzas que encierran las experiencias.

 Sofía había sufrido un accidente que le dejó inmovilizada la pierna izquierda por tres meses, teniendo que usar silla de ruedas, después de un tiempo recuperó la movilidad. Para ella fue un aprendizaje invaluable pues había aprendido a reconocer sus propios límites, a permitirse el descanso y a saber decir “No” cuando se sentía abrumada con tantos quehaceres. Un mes después sufrió otra caída que le lesionó el tobillo derecho. Lo primero que hizo ella fue regañarse y reprocharse como un juez severo diciéndose frases como “No aprendiste la lección?” ,“Eres tonta”, y una serie de invalidaciones hacia ella misma. Después de experimentar su enojo y su tristeza, escuchó como si una voz amorosa le comprendiera sin juzgarla. Como si una parte de ella misma sintiera indulgencia y comprendió que lo que también necesitaba aprender era la compasión hacia ella misma.

Sofía pudo ser más consciente de sí misma: ser menos severa con ella misma y más compasiva.

Lo maravilloso de este Arte es que va convirtiéndose en un estilo de vida, entonces podemos ser capaces de agradecer las experiencias porque detrás de ellas se esconden los regalos: paciencia, tolerancia, compasión, humildad, comprensión, apertura, flexibilidad, gratitud, la lista puede ser larga.

Si tropezamos de nuevo y con la misma piedra, la pregunta que nos podemos hacer es: Qué necesito aprender de ésto? Cuál es la lección?

Este camino que se abre ante nosotros es una oportunidad para enriquecernos interiormente. Así, la Vida se convierte todos los días en una apreciada maestra, apoyándonos a nuestro propio desarrollo y recibiendo los regalos que ella nos ofrece.

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