¿Cuánto vales?

cortesía de la Galería de Mad-KingHace siglos, un joven acudió a un anciano maestro porque se sentía sin fuerzas para hacer nada: “me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto ¿cómo puedo mejorar? ¿qué puedo hacer para que me valoren más?”

El maestro, sin mirarlo, le dijo: “Antes de ayudarte necesito resolver un problema. Quizá si me ayudas tú pueda solucionar este tema con más rapidez y después podré ayudarte”. El joven aceptó encantado.

El maestro se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, le pidió que cabalgara con su caballo hasta el mercado y tratara de vender esa joya obteniendo por ella la máxima suma posible, sin aceptar menos de una moneda de oro, porque a eso ascendía una deuda que el maestro tenía y quería saldar.

Apenas llegó a la ciudad empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros se daban la vuelta, otros se echaban las manos a la cabeza. Sólo un viejito fue tan amable como para explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

Después de ofrecer su joya a casi un centenar de personas con las que se cruzó en el mercado, abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. “Maestro lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo”.

“Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo”.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: “Dile al maestro, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo”.

“¡¡58 monedas de oro!!” gritó el joven. “Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…” le contestó el joyero.

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?. ¿Ya has elegido quien va a ser el joyero que diga lo que vales y te exija por ello?.

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